terça-feira, 21 de dezembro de 2010

La nieve del Everest presenta altos niveles de arsénico

Un estudio de la Universidad de Southern Maine concluye que la nieve del techo del mundo tiene cantidades inusualmente altas de arsénico y cadmio. La tierra y el polvo del campo base también contiene arsénico.

Sorprendentes resultados los del estudio de la contaminación en el Everest llevado a cabo por el equipo de Samantha Langley-Turnbaugh, investigadora de la Universidad de Southern Maine, de Gorham (Estados Unidos). Y no sólo sorprendentes, sino también alarmantes, habida cuenta que la conclusión más destacada atestigua los altos niveles de arsénico y cadmio presentes en la nieve de las laderas del Everest.

En el campo del montañismo, hay que tener muy en cuenta que los centenares de personas que últimamente suben los 8.848 metros del pico más alto de la Tierra se valen de esa nieve derretida para conseguir agua durante la ascensión. Así pues, con el agua que beben o con la comida que consumen cocinada con esa agua, ingieren unas dosis inaceptables de esos dos metales pesados, según los baremos de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, citados en el trabajo de Langley-Turnbaugh.

La ambientalista publicó el estudio en la revista Soil Survey Horizons, de la que pasó a la prestigiosa revista científica New Scientist. Posteriormente, se ha hecho también eco el diario The Washington Post.

Subir a recoger muestras
El estudiante y colaborador de Langley-Turnbaugh, Bill Yeo, realizó la recogida de muestras para el estudio en 2006, cuando escaló buena parte de la ruta del Everest. Concretamente, hizo recogidas aproximadamente cada 300 metros entre los 5.334 m y 7.772 m. Y todas las muestras de nieve contienen altos niveles de arsénico y cadmio, mientras que todas las muestras de tierra tienen a su vez altos niveles de arsénico.

Mientras que la afectación sobre la salud de los alpinistas está afectada, en mayor o menor medida, no está tan claro cómo afecta la contaminación de la nieve a los ríos de la zona y, en consecuencia, a la salud de la población que bebe el agua del deshielo del Himalaya y que experimenta una exposición continua a los agentes contaminantes.

Otro foco de afectación serían las nubes de polvo que el viento levanta, bastante frecuentes en el campo base del Everest. Ese polvo contiene una alta concentración de arsénico que se introduce por vía respiratoria en el cuerpo de los alpinistas.

¿Culpables? Las fábricas y el viento
Es probable, aunque no existen pruebas científicas al respecto, que la polución provenga de fábricas de medio continente asiático. Los fuertes vientos que soplan en esa región del mundo hacen efectivo medio de transporte para las partículas nocivas, que se depositan en las barreras naturales en que se convierten las altas montañas.

Este es un estudio pionero, que cambia la percepción intuitiva acerca de la contaminación en la montaña. La gran dificultad para los investigadores es obtener muestras fiables, dadas las dificultades de acceso.

Fuente: http://desnivel.com
Por: M.Marques
milton@mxb.com.br

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